26-04-2010 | Por juan | Categoría Salud en la montaña

Yôga en la montaña – Parte IV

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Foto de la autora: en el filo Belvedere, Villa la Angostura.

Foto de la autora: en el filo Belvedere, Villa la Angostura.

El ritmo respiratorio al caminar

Por Anahí Flores.

La senda comienza y por suerte los primeros pasos son sobre sendero plano. Pero el camino no demora en ser cada vez más oblicuo e ir hacia arriba, buscando la verticalidad. Y parecería que la respiración se acelera en relación directa con la ascensión. Junto con la respiración, el corazón va a un ritmo cada vez más rápido, al punto que los latidos retumban en el oído. El combo completo es que con los cambios respiratorios y cardíacos, sobreviene el cansancio general y, en casos extremos, el replanteo: “¿qué hago caminando por las montañas si podría estar acostado panza arriba en la playa?”

La respiración y el rendimiento físico van de la mano. Así  como la respiración caótica agota al organismo, el cuerpo cansado descontrola más aún el ritmo respiratorio. De la misma forma, al respirar con un ritmo consciente, el cuerpo recarga sus baterías y, en el caso del trekking, hace que la caminata sea más placentera.

El Yôga Antiguo recomienda la respiración más obvia: la nasal (tanto para inspirar como para exhalar). Que sea siempre silenciosa (no hacer fuerza ni para captar el aire, ni para dejarlo ir). Un ritmo que funciona muy bien con el caminar es 1-0-1-0. Inspirar en un tiempo (sugerencia: cuatro segundos contados mentalmente, o bien cuatro pasos) y exhalar en la misma medida de tiempo. No hay retención con pulmones llenos o vacíos (eso significan los dos ceros). La medida de tiempo puede ser mayor o menor dependiendo del confort de cada uno, la capacidad pulmonar y el momento de la caminata, siempre que sean idénticas las duraciones de la inspiración y de la exhalación. Tal vez al inicio esto no resulte tan simple como parece, pero si se persevera, llegará un punto en que la caminata y la respiración quedarán sincronizadas y, en ese momento, se vivirá el placer de caminar sin cansarse, o (al menos) cansándose abismalmente menos.

Precepto moderador: no por esforzarse en lograr la respiración ideal hay que dejar de lado cosas importantes como apreciar el paisaje. Tampoco forzarse a respirar de una forma para la que aún no se está listo. Si se vuelve necesario que el ritmo se quiebre de vez en cuando, no hay ningún problema. La próxima vez será mejor. Además, la idea es ritmar la respiración sólo al inicio de la caminata, hasta que se vuelva automático y continúe sin exigir nuestra atención constante.

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07-04-2010 | Por juan | Categoría Salud en la montaña

Yôga en la montaña – parte III

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Aprovechar la inclinación

(texto y foto de Anahí Flores)

No es novedad que durante un trekking (así como siempre que estamos de pie) la sangre se concentra en las piernas. Hacia donde la sangre va, hay más energía, y eso es ideal para la caminata.

Sin embargo, durante la noche es aconsejable darles un descanso y enviar la sangre hacia otras regiones del cuerpo con la finalidad de descongestionar las piernas.

La fuerza de gravedad tiene influencia directa sobre la circulación sanguínea: la sangre siempre se concentrará en el área del cuerpo que esté más próxima del suelo. Sabiendo esto, y ya que las montañas ofrecen relieves variados, podemos armar la carpa en una zona donde el suelo esté ligeramente inclinado. Luego, orientar la bolsa de dormir con la cabeza hacia la zona más baja y los pies en la parte más alta. Durante la noche, las piernas se aliviarán notablemente.

Importante: no ser exagerado, que la inclinación sea sutil, sobre todo si no se está acostumbrado a realizar posiciones invertidas (hablaremos de posiciones invertidas en otra oportunidad).

Contraindicación: abstenerse de este ejercicio (así como de cualquier posición invertida) en caso de tener presión alta o problemas cardíacos.

Buenos modales: si se comparte la carpa con más gente, consultar si todos están de acuerdo antes de armar la carpa inclinada.

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27-03-2010 | Por M. Eugenia De Cicco | Categoría EcoFrey, Salud en la montaña

Yôga en la montaña – Parte II

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No creerse el dueño de las montañas

Texto y foto de Anahí Flores

El concepto de la no posesividad (en sánscrito aparigraha) es trabajado desde hace milenios en el Yôga Antiguo. Consiste en algo tan simple como no ser posesivo con los objetos, las ideas, las personas y, en este caso, el entorno. No creer que las montañas están aquí para servirnos y que podemos hacer con ellas lo que se nos plazca. Es más probable que las montañas nos posean cuando estamos en ellas, que la idea inversa…

Incluso haciendo trekking, se percibe la falta de cuidado del ser humano hacia su entorno. Basura tirada, fuegos mal apagados, baños improvisados sin cubrir los desechos cuidadosamente como lo haría, por ejemplo, un gato. El mismo hombre que va a la montaña buscando “estar a solas” consigo mismo y con la naturaleza, regresa dejando tras de sí un rastro que demora en desaparecer.

Aunque teóricamente sepamos que el hombre no es el centro del mundo, falta en muchos casos ponerlo en práctica.

Cuando vayamos a la montaña, cuidemos del medio ambiente:

- Encendiendo fuego sólo donde esté permitido, y luego apagándolo correctamente.

-Llevando de vuelta la basura producida.

- Si no hay baños, hacer un hueco en la tierra y luego cubrirlo hasta que desaparezca,

- Usando jabones y detergentes biodegradables.

- Caminando únicamente por senderos marcados.

- Y si el espacio en la mochila lo permite, juntando la basura que un hipotético visitante anterior haya dejado “olvidada”.

Precepto moderador: El hecho que cuidemos del medio ambiente no implica volvernos insoportables al punto de no disfrutar del paseo. Tener sentido común.

19-03-2010 | Por M. Eugenia De Cicco | Categoría Salud en la montaña

Yôga en la montaña – Parte I

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Durante Una Pausa

Texto de Anahí Flores / Foto de Miguel Sampedro

Sucede, en algún momento, que la mochila se amalgama a nuestra espalda. Todos los que tienen el hábito de caminar por la montaña sintieron ese amor-odio por su propia mochila. Cuando la relación está en su apogeo y preferimos mantenerla puesta todo el tiempo, podemos usar las pausas (destinadas a tomar agua, sacar una foto, recuperar el aliento) para dar un descanso a las piernas aprovechando el peso que llevamos en la espalda.

En el Yôga Antiguo trabajamos con la musculatura en frío, es decir, sin repetición y consecuente calentamiento de la musculatura. Por eso, el siguiente ejercicio, que pertenece a la familia de los ásanas (así se llaman las técnicas corporales) debe realizarse sólo una vez y permanecer en él, el máximo de tiempo que el confort permita.

Sentarse, extender la columna tanto como sea posible y luego dejarla caer hacia delante sin hacer fuerza por bajar (lo mejor es que el cuerpo se adapte de a poco a la posición). La fuerza de gravedad ayudará a aproximar el pecho a las rodillas y las piernas se mantendrán siempre extendidas. Con cada exhalación, relajar el cuerpo aún más y sentir que la musculatura de las piernas elonga y, en consecuencia, descansa por algunos minutos del esfuerzo de la caminata.

Regla de seguridad: “Esforzarse sin forzar” nos recomienda una de las reglas generales de ejecución de esta filosofía milenaria. Si la posición no resulta confortable, es mejor no permanecer por mucho tiempo. Una sugerencia es hacer exactamente lo mismo pero retirando antes la mochila.